domingo 2 de octubre de 2011

Wao!!!

Las casas de los japoneses tienen normalmente un espacio hueco entre las paredes de madera. Mientras una persona echaba abajo los muros de su casa, se percató de que allí había una lagartija inmóvil, porque un clavo desde afuera le había atravesado una de sus patitas y la había hecho permanecer fija en la pared. El dueño de la casa, viendo esto, sintió al mismo tiempo piedad y curiosidad. Cuando estudió el clavo, quedó pensativo... El clavo había sido clavado hacía tres años, cuando la casa fue construida. ¿Qué habría ocurrido entonces? La lagartija había sobrevivido en esa posición. ¡En un oscuro muro durante tres años sin moverse! ¡Es imposible, inimaginable! Entonces, aquella persona se preguntó cómo esta lagartija habría podido sobrevivir durante ese tiempo sin dar un sólo paso, si desde entonces su patita estaba clavada allí. Así que, paró de trabajar y observó a la lagartija, preguntándose qué podría haber hecho y cómo ella habría conseguido alimentarse.
 
Más tarde, sin saber de dónde venía, apareció otra lagartija con alimento en su boca. ¡Ah! Quedó aturdido y emocionado al mismo tiempo. ¡Otra lagartija había estado alimentando durante tres años a la lagartija que permanecía clavada en la pared...!
 
¡Tanto amor, un amor tan precioso! ¡Tanto amor ha tenido esta pequeña criatura! ¿Qué no puede lograr el amor?, ¡Puede hacer maravillas! ¡Y es que el amor puede hacer milagros! Una lagartija fue alimentada por otra, incansablemente, durante tres largos años sin perder la esperanza en su compañera. Si una criatura tan pequeña como una lagartija puede amar así, ¡imagínate cómo podríamos nosotros amar si lo intentamos!
 
"A veces sentimos que lo que hacemos es una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota..."
 
(El amor) todo lo sufre,
todo lo cree, todo lo espera,
todo lo soporta.
1-Corintios 13:7