sábado 20 de marzo de 2010

Del Escritorio del Pastor: ORACION CONTESTADA!


ESTE MENSAJE LLEGO A MI ESCRITORIO, COMO LOS MUCHOS QUE LLEGAN DIARIAMENTE.  PERO NO PUDE PARA DE LLORAR AL LEER EL FINAL.  POR QUE SOMOS TAN DUROS?  POR QUE NOS ES TAN DIFÍCIL ENTENDER AL DIOS QUE SERVIMOS?  POR QUE ES TAN FÁCIL CREER QUE ESTE TESTIMONIO ES MENTIRA?... QUIZAS PORQUE ALGUNOS NO HAN EXPERIMENTADO ALGO ASÍ. Pastor Cuesta.

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Una noche trabajaba arduamente para ayudar a una madre a dar a luz, pero a pesar de todo lo que hicimos ella murió dejándonos con un pequeño bebé prematuro y una niña de dos años que lloraba desconsoladamente. Íbamos a tener problemas para mantener al bebé vivo, puesto que no teníamos incubadora (tampoco teníamos electricidad para hacer funcionar una). Además no teníamos la instrumentación que facilitara su alimentación. Aunque vivíamos en el ecuador, las noches a menudo eran heladas con vientos traicioneros.
Una estudiante a matrona fue a buscar la caja que teníamos para tales bebés y la lana de algodón que lo cubriría. Otra fue a alimentar el fuego y llenar un guatero con agua, pero llegó al poco rato preocupada para decirme que al estar llenando el guatero se le había reventado. La goma se deteriora fácilmente en los climas tropicales. "¡Y era nuestro último guatero!", exclamó. Así como en el Oeste no se llorá por la leche derramada, en el África Central tampoco se llora por un guatero reventado. 

Ellos no crecen en los árboles, y no existen farmacias en los caminos del bosque.
"De acuerdo," dije yo, "coloca al bebé cerca del fuego tan cuidadosamente como puedas, y duerme entre el bebé y la puerta para protegerlo de las corrientes de aire. Tu trabajo es mantener a la criatura calentita."
Al siguiente medio día, como acostumbra hacerlo, fui a orar con cualquiera de los niños del orfanato que quisiera unirse a mí. Le daba a los jóvenes varias sugerencias de las cosas que se podía orar y les conté del pequeño bebé. Les expliqué del problema para mantenerlo suficientemente temperado, mencionándoles el guatero. 

El bebé podría fácilmente morir si se enfriaba. También les conté de su hermana de dos años que lloraba porque su madre había muerto.

Durante el tiempo de oración Rut, una niña de diez años, oró en forma concisa y precisa, como lo hacen los niños africanos: "Por favor Señor, envianos un guatero. Mañana no nos será útil, Dios, ya que el bebé estará muerto, así que por favor envíalo esta tarde." Cuando yo pensaba en mi interior acerca de la confianza y la seguridad de la oración, ella agregó a su petición, "Y mientras Tú lo haces Dios, ¿podrías por favor enviar una muñequita para la niñita y ella así sepa que Tú verdaderamente la amas?" 
Como a menudo sucede con las oraciones de los niños, yo fui puesta a prueba. ¿Podría decir honestamente, Amén? Sinceramente yo que creía que Dios pudiera hacer esto. Oh, sí, yo se que Él puede hacer cualquier cosa. La Biblia lo dice. Pero existen límites, ¿o no? La única forma en que Dios pudiera responder esta oración en particular sería enviándome un paquete desde mi tierra natal. Y había estado en África por casi cuatro años en ese entonces, y no había recibido jamás algo parecido de mi tierra. De todas maneras, si alguien me enviara un paquete, ¿quién enviaría un guatero? Yo vivía en el ecuador.
A media tarde, cuando estaba enseñando en la escuela de enfermería, un mensaje fue enviado que había un auto esperando en mi casa. Al llegar a mi hogar, el auto ya se había ido. Pero ahí, cerca de la puerta, había un gran paquete de unos quince kilos. Sentí que las lágrimas picaban mis ojos. No podía abrir el paquete sola, así que pedí que los niños del orfanato vinieran. Juntos sacamos las amarras, cuidadosamente deshaciendo cada nudo. Doblamos el papel, cuidando de no romperlo. La excitación se estaba acumulando. Alrededor de treinta o cuarenta pares de ojitos estaban fijos en el inmenso paquete de cartón. Al abrirlo saqué unos coloridos pantalones. Los ojos brillaban cuando los repartí. Luego habían vendas para los pacientes leprosos, y los niños mostraban poco interés. Entonces venía una caja con pasas y golosinas. Luego, al colocar mi mano en la caja nuevamente, sentí....... ¿podría realmente ser? Lo tomé y lo saqué -- Sí, era un guatero de goma nuevo. ¡Grité de alegría! Yo no le había pedido a Dios que me lo enviara; yo sinceramente no habría creído que pudiera hacerlo.
Rut que estaba al frente de los niños, corriendo hacia el paquete, a todo pulmón exclamó, "Si Dios envió el guatero, Él tiene que haber enviado la muñeca también." Metiendo su manito hasta el fondo del paquete, sacó una hermosa, y bien vestida muñeca. ¡Sus ojos brillaron! ¡Ella nunca había dudado! Mirándome a los ojos, preguntó: "¿Puedo ir con usted para entregarle esta muñequita a la niñita, para que ella sepa que Jesús verdaderamente la ama?"
Ese paquete había viajado por alrededor de cinco meses. Empaquetado por una ex clase dominical, cuyo líder había oído y obedecido a Dios enviando un guatero de goma --- y al ecuador. Y una de las niñas había puesto una muñeca para alguna niña africana -- ¡cinco meses antes! -- en respuesta a la oración de fe de una niña de diez años para que llegase "esa tarde."
Y antes que clamen, responderé Yo;
mientras aún hablan, Yo habré oído.
Isaías 65: 24